Dr. Horacio Krell fundador de ILVEM


 Una vez que un proceso se aprende o un sistema funciona la tentación es dejarlos en piloto automático sin considerar los cambios que los afectan.

Otro inconveniente se presenta es que cuando dominamos una forma de hacer un trabajo tendemos a repetir la rutina sin considerar que podrían existir alternativas mejores. Del mismo modo cuando tenemos éxito repetimos la conducta exitosa sin advertir los cambios que afectan a los resultados, como nuevas tecnologías o innovaciones de la competencia.

William Wordsworth dijo una vez que es el hábito y no la elección lo que gobierna al rebaño colectivo.Con el cerebro en piloto automático actuamos sin pensar, en la comodidad que nos proporciona la rutina. Nosotros creamos el hábito, luego el hábito nos crea.

El hábito no es bueno o malo en sí mismo, lo que interesa es si  ayuda o entorpece el logro de nuestros objetivos. Por eso es conveniente revisarlos a la luz de los objetivos, de los cambios y de los resultados obtenidos. Cuando un piloto automático se consolida se hace cada vez más necesario y si funciona mal al cabo de un tiempo tampoco podemos despegarnos.

¿Competitividad en piloto automático? Para organizar el caos se buscan respuestas automáticas. Pero la competitividad no se puede automatizar porque consiste en saber reaccionar ante los cambios o anticiparlos. La competitividad no se mide por lo que se tiene. Se pueden tener recursos y no saber usarlos o producir mucho en la dirección equivocada.

El benchmarking es la estrategia de compararse con los mejores. Así es competitivo quien cotejando su producción con la del modelo, la iguala o la supera. Siempre conviene compararse con los modelos  de la excelencia mediante un proceso sistemático, descubriendo las  mejores prácticas para luego hacerlas propias. Este proceso implica: a) elegir la virtud a obtener,  b) seleccionar el modelo c) medir la diferencia y d) adoptar el método.

En materia de competitividad la clave son los resultados, pero sin obsesionarse por ellos. El éxito acompaña al que tiene claridad y método y así se alcanza sin presiones ni excesos.  No es cuestión de aplicar la fuerza bruta sino la calidad y la ecología del sueño de Arquímedes: Dadme una palanca y moveré el mundo. Bernard Shaw  dijo: hay gente que ve las cosas como son y pregunta ¿por qué?. Yo sueño con cosas que nunca han sido y pregunto ¿por qué no?

Los nuevos hábitos generan caminos alternativos. La mente no puede cerrar rutas, pero sí es capaz de construir caminos paralelos. Para lograrlo no siempre hace falta eliminar los viejos. El problema es que nos enseñaron a decidir como si existiera una elección mejor o única en lugar de soluciones alternativas. De niños incorporamos mecanismos fijos. Cuando un desafío se encara en forma analítica o práctica se clausura la forma relacional o la innovadora. Debemos comprender que no sabemos hacer de todo, que somos buenos para algo y esa fortaleza es la que debemos potenciar. Hay una zona de comodidad, otra de estrés o de incomodidad y una tercera de tensión o dificultad, en esta última se pueden crear caminos nuevos. Salir de la rutina mejora la atención. Los pasos pequeños mantienen el cerebro pensante y sin temor, incursionando en lo desconocido para pasar de la curiosidad al asombro.

Ejercitar la mente. Somos lo que recordamos. Para el 2015 entre 11 y 16 millones de norteamericanos padecerán el Alzheimer. La plasticidad del cerebro se da por la creación de nuevas dendritas -proyecciones neuronales ramificadas como árboles que transportan las señales eléctricas en el cerebro-. Al desafiar al cerebro con gimnasia mental lo alteramos. Entrenar la inteligencia con práctica y ejercicio físico es una poderosa medicina. De acuerdo con esto, pasemos nuestra mente de “en piloto automático” a “manual” y comencemos a experimentar una nueva manera de ver la realidad. Penetremos en ella con espíritu de curiosidad, generando así  una cuota mínima de observaciones diarias significativas.

Pero no lo hagamos en piloto automático. Regulemos la atención para observar de un modo consciente. La claridad, el compromiso con la verdad y la concentración en el resultado conectan el aparato consciente e inconsciente, y a mayor conocimiento mejor será el resultado. El que sabe ve lo que nadie ve. Según Pasteur, “el azar favorece sólo a las mentes preparadas.

Las fuentes para observar son infinitas, es todo lo que se nos presenta: una cita, un objeto, una carta, una idea. Flaubert decía que cualquier cosa observada detenidamente se vuelve maravillosa. Lo importante es aprender a preguntar sobre su historia, su proceso de fabricación, la materia prima que lo constituye, etc. Para que la percepción perdure en la memoria, hay que observar con los dos hemisferios cerebrales. Si ingresamos sólo datos emocionales o abstracciones, disminuirá la calidad de la recepción y de  la memoria.

El estado mental óptimo para observar se logra mediante técnicas de relajación y concentración. El estado “receptivo” combina la atención flotante (estar preparados para sacar provecho del azar) y una acción específica (tener la intención de observar). 

Para alcanzar la capacidad imaginativa en un mundo dominado por abstracciones es fundamental aprender a observar las formas, colores, sabores, olores y sensaciones físicas. La imagen -a diferencia del concepto- nos atrapa por su carácter de cosa viva. El concepto es estático, no posee belleza pues su fin no es estético; tampoco puede emocionar. Presenta los rasgos esenciales que necesita un determinado objeto para ser tal. Tiene una función utilitaria.

Por el contrario, la imagen es cambiante, posee diversas figuras y colores que producen innumerables sensaciones. Esto es lo que debemos captar a través de la observación y luego proyectarla con ayuda de la imaginación. Y, al actuar sinestésicamente (es decir, integrando los sentidos), lograremos ejercitar en forma paralela los dos hemisferios cerebrales.

En un mundo materialista se utilizan los conceptos para alcanzar los fines, y la imaginación se subordina. La imaginación es  imprescindible para inventar el futuro.

Observar creativamente es generar una diferencia. La realidad es la misma, lo que cambia es la visión. La mirada creativa captura lo que la gente no puede ver, toma como fuente la observación reproductiva pues ésta le provee la materia prima que hace posible la creación.

 
* Dr Horacio Krell. Director de Ilvem. Secretario de rel. internacionales de UAF Unión Argentina de Franquicias y propulsor de UP Unión de Permutas. Consultas horaciokrell@ilvem.com.
 
Ilvem es una entidad educativa cuya misión es el desarrollo de la mente humana en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples (espiritual, emocional, intelectual, creativa, artística, estratégica, corporal, social, comercial, comunicacional y digital).



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