Por Diario UNO el diciembre 27, 2015


La calificación negativa del Perú en las recientes pruebas PISA demuestra que la educación tradicional no ha logrado que nuestros ciudadanos

aprovechen toda su capacidad de aprendizaje. Esta situación puede revertirse mediante la implementación de técnicas innovadoras desde los primeros

años de escuela, para mejorar aspectos claves como la comprensión lectora en los estudiantes.

La demora en la lectura depende más de la destreza que adquiere la persona que del mismo texto en cuestión, ya que el cerebro dirige el proceso. Así lo afirma, Horacio Krell, director fundador y creador del Método Ilvem. “Ante una frase cortada, el resto puede completarse con información visual del siguiente reglón o por el significado probable de la palabra. La lectura es predecible porque el lenguaje también lo es”.

Si deseamos que el cerebro dirija su propio aprendizaje, el experto señala que debemos hallar el método adecuado para observar creativamente el texto, conocer su contexto y abrir la mente hacia un nivel de comprensión superior. Por ello, el dominio del método de lectura veloz es el gran propulsor del aprendizaje de segunda mano. “El proceso de lectura implica crear hipótesis previas sobre lo que vendrá”. 

Usualmente, el proceso de lectura no aprovecha el campo visual, sino que se concentra en sílabas o palabras sueltas. El primer paso debe ser el cambio de este enfoque. Posteriormente, la información pasa de la vista al habla, mediante la articulación oral consciente o inconsciente. Esta fase implica tiempo desperdiciado por la vocalización y subvocalización. Es trabajo del lector aprender a obviar el recorrido de ver a oír.

En la siguiente etapa, la información es enviada del habla al oído. Krell también considera este paso innecesario, ya que frena la velocidad de la lectura. En su lugar, el lector debe aprender a no repetir mentalmente lo que lee. Finalmente, se realiza la integración de los elementos que llegan separados en el cerebro. En esta última fase, se debe pasar directamente de la vista al cerebro para lograr una lectura más rápida.

La clave de esta habilidad radica en aprender a usar integralmente el cerebro para procesar la información, al ubicar y retener mejor los temas importantes. Adicionalmente, facilitará el desarrollo de otras técnicas para retener datos como los mapas conceptuales y permitirá al estudiante saber comunicarlos en forma oral o escrita. “El poder inteligente combina el querer con la eficacia”, añade Krell.

La lectura veloz forma parte de la neuroeducación, un concepto que ha revolucionado las escuelas en el mundo. En lugar de memorizar conceptos, los niños aprenden a pensar y resolver con creatividad los retos planteados. Este enfoque transforma la clase en una sala de instrucción mental para lograr un pensamiento que integra funciones de percepción, procesamiento, memoria, comunicación oral y escrita, e inteligencia creativa y estratégica.

DESDE LA EXPERIENCIA
Lorena Rojas es estudiante de segundo ciclo de la carrera de Nutrición de Universidad Privada del Norte (UPN). Tenía dificultades para comprender los textos que leía y solía realizar sus exposiciones en clase sin conocer a fondo el tema abordado. Por ello decidió llevar un curso de lectura veloz para mejorar su desempeño académico y ganar mayor confianza.

Para lograr un cambio de hábito tan importante, Krell aconseja que el alumno cuente con un mínimo de 20 días libres, sin exámenes ni necesidades derivadas de ellos. “Existen técnicas para cambiar un hábito en este tiempo. Es obvio que a los lectores les cueste leer. En plena era de la explosión del conocimiento, aún utilizan el mismo método que aprendieron en la escuela primaria”.

En una primera etapa, los estudiantes del curso de lectura veloz realizaron actividades para adaptarse a este nuevo ritmo. Se les dio un tiempo inicial para leer determinados textos y su capacidad mejoró con el paso de los días. “A veces colocaban música para mejorar nuestra concentración. La idea era prestar más atención a la lectura que al sonido. Incluso caracterizábamos a los personajes de la lectura y exponíamos lo aprendido”, señala Rojas.

Con el método adecuado y una práctica constante, los estudiantes pueden mejorar de tres a diez veces su capacidad de lectura, según Krell. Incluso

los alumnos más despreocupados por sus estudios deben entender que si aprenden este método tendrán más tiempo libre para ocuparlo en otras

actividades de su interés. El lector lento, por el contrario, está condenado a perder el tiempo.

En pocas semanas, Laura comenzó a notar los primeros beneficios de la lectura veloz. Su vocabulario se incrementó considerablemente y empezó a sentirse más segura cuando realizaba sus exposiciones en clase, ya que entendía mejor los temas y era más ordenada con sus ideas. En lo que va del curso ya ha leído dos libros. Según sus cálculos, puede leer un promedio de 200 palabras por minuto.

Estas experiencias demuestran la importancia de esta capacidad en el desarrollo integral de la persona. Al comprender mejor el tema, la persona se siente satisfecha consigo misma por el aprendizaje adquirido y tiene más interés por mantener esta práctica. Con una buena implementación en las escuelas y universidades se puede lograr que los estudiantes expresen mejor sus ideas y compartan sus conocimientos con el resto de la sociedad.




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