Autor Dr. Horacio Krell fundador de ILVEM


Los errores no forzados son aquellos en los cuales el rival no induce a cometerlos sino que los genera una falla propia. La clave está en prestar atención a los detalles y aprender forzar al otro a equivocarse,  aprovechando el no estar comprometido con una situación incómoda. Para no caer en ellos se precisa mantener un margen de seguridad en la acción, sin jugar a todo o nada.

El error no forzado en política, es un concepto importado del tenis, donde un error del rival se traduce automáticamente en beneficio propio. En política no es así.

Se parece más a lo que ocurre con los errores no forzados en el fútbol. Pueden pasar inadvertidos o terminar en gol, dependiendo de la velocidad y precisión de la reacción. En el último tramo de una campaña política, el error es más costoso, porque el votante indeciso tiene, para la política, una memoria de corto plazo. Entra al cuarto oscuro con recuerdos de la última semana. Por lo general, no se acuerda del FMI, ni de las promesas incumplidas. Prevalece lo más reciente.

La maquinaria del poder.  El gobierno de turno ya la posee y puede usarla para amplificar un error del oponente o para cubrir los errores propios. La oposición debe compensar esa desigualdad con otros recursos. Por ejemplo, mediante una campaña inorgánica. Deben exponer de manera eficiente los errores del gobierno.

Unos empleados retirando un cartel a priori no significan nada. El significado depende de la narrativa del video. El gobierno afirmó que el cartel estaba en infracción. La oposición afirmó que eso era falso (en ese caso retirarían la lona, pero no la estructura que es de una empresa privada). Es lógico que el gobierno trate de reducirlo a una infracción, lo que de paso los deja como desprolijos.

Ese video admite al menos dos narrativas posibles para la oposición. Una, la flagrante hipocresía ya que los mismos que dicen en sus carteles “para que puedas expresarte sin miedo”, retiran manu militari los carteles de su rival. Hasta el más despolitizado nota la contradicción entre hechos y palabras. Además de hipócritas son autoritarios. Es una conducta antidemocrática y autoritaria. Si son capaces de hacerlo estando en campaña, imaginen de lo qué serían capaces si los reeligieran.

 

Herminio Iglesias, candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el Partido Justicialista en las elecciones de 1983, fue el principal artífice de la derrota electoral del peronismo por sus actitudes agresivas y errores no forzados. Ante un marco imponente, el candidato presidencial peronista Luder cerró la campaña en el Obelisco, el 28 de octubre, y mientras pronunciaba su discurso, Iglesias quemó una miniatura de un ataúd con el nombre de Raúl Alfonsín que estaba pintado con los colores rojo y blanco, emblemas del radicalismo.

 

Ese hecho, sumado a declaraciones tales como "conmigo o sinmigo vamos a ganar" o "trabajaremos las 24 horas del día y la noche también", determinaron que este dirigente del peronismo cobrara un protagonismo inusitado en la campaña. Sin embargo, atribuirle a Herminio Iglesias toda la responsabilidad de la derrota es, cuanto menos, una exageración.

 

Errores no forzados ante los problemas. El pensamiento humano cae fácilmente en el error porque la tentación de resolver los problemas de memoria hace que no razone cuando debería hacerlo. En la vida cotidiana esos errores no forzados no se tienen en cuenta y es difícil identificarlos, pero en los acertijos y juegos de inteligencia se los observan con claridad.

 

Un bate y una pelota cuestan $1.10. El bate cuesta un dólar más que la pelota ¿Cuánto cuesta la pelota? La respuesta de 10¢ se presenta como una intuición rápida, potente y atractiva, pero es incorrecta. Para llegar a la solución correcta,  tendremos que recurrir al lápiz y al papel, transformando el acertijo en una ecuación. Debemos recurrir a la forma más lenta y fatigosa de pensar que posee el cerebro. Algunos psicólogos consideran que este test es un predictor más válido sobre la inteligencia que los test sobre cociente intelectual. En este caso sirve para ilustrar que las intuiciones pueden ser erróneas, no importa lo poderosas que parezcan.

La respuesta rápida e intuitiva es que la pelota cuesta 0’10$. Sin embargo, en realidad su precio es de 0’05$. ¿Por qué? Veámoslo con una ecuación.

Precio pelota: x Precio bate: x+1 (un dólar más que la pelota)

x+x+1=1’10. Despejando  la x queda:

2x=1’10-1

2x=0’10

x=0’10/2

x=0’05

El problema es que para llegar a esta conclusión hay que pensar un poco y tener en cuenta al leer bien el enunciado que no es lo mismo que cueste un dólar a que cueste un dólar más.

¿Por qué el cerebro resuelve mal los problemas? El error se debe a la forma en que procesa la información. Suele hacerlo de dos formas. La primera, es rápida, intuitiva y requiere poco esfuerzo. Es lo que ocurre cuando resolvemos una suma fácil. No hay mucho que pensar.

La segunda vía es más lenta y analítica y requiere un esfuerzo para resolver los problemas. Es la que usamos ante operaciones complejas o acertijos con trampa. En ocasiones la vía lenta también juega malas pasadas, pues a veces ser demasiados analíticos nos lleva a pasar por alto la contestación intuitiva; pero, por lo general, suele conllevar a resultados acertados.

Normalmente, si el problema no parece difícil a simple vista, utilizamos la primera vía y contestamos demasiado rápido, sin tener en cuenta detalles que resultan necesarios para la solución. Esto ocurre con el caso del bate y la pelota. Vemos un 1’10 y un 1 y nuestro cerebro dice: “esto es pan comido, lo que falta es un 0.10”. ¿Para qué esforzarse?

En los acertijos no buscar el truco lleva necesariamente a cometer errores no forzados

¿Cómo evitar abusar de la intuición? Curiosamente, si se utilizara un tipo de letra más complicado de leer, se resolvería mejor el problema. Esto se debe a que es lleva a usar la segunda vía para entender el mensaje. De hecho, algunos profesores utilizan tipos de letra poco convencionales en sus presentaciones, para conseguir centrar la atención de sus alumnos. Podemos aprovechar este truco. Por ejemplo, si se revisa un documento conocido, el cerebro usará la primera vía, ya que conoce el contenido punto por punto. Sin embargo, cambiando la letra, se pasará a la segunda vía, para poder descifrar los cambios.

La zona de confort. Es el lugar mental en el que uno se siente a gusto y no piensa en cambiar nada. Pero estar a gusto con todo, no es siempre algo bueno. Por ejemplo el sedentarismo es un mal hábito que perjudica al cuerpo y a la mente. Un hábito es algo que al principio motiva pero termina convirtiéndose en una rutina. Nosotros creamos el hábito y luego el hábito nos crea.

Más que racionales a ultranza somos seres emocionales. Las emociones se reflejan en el lenguaje corporal, basta con ver un rostro para observar el estado anímico. Cuando esas emociones se combinan, se procesan y se resuelven en el cerebro, se convierten en sentimientos. Si bien hay que pensar bien lo que se hace, nunca se debería ir en contra de lo que se siente. Hasta la memoria es recreada por el sentimiento. El éxito depende de que la combinación resulte idónea. ¿Qué lleva al éxito o al fracaso? La inteligencia emocional es la administración correcta de las emociones y la inteligencia social es la administración eficaz de las relaciones.

Control emocional. Hay que aprender a manejar las emociones y los sentimientos observando en uno mismo cómo se comportan. Una buena receta es registrar las situaciones que provocan felicidad. Luego intentar repetir lo que es agradable y disminuir lo que produce desdicha.

Un sano egoísmo es estar bien con uno mismo para estar bien con los demás.

Feliz de la vida. El que no sabe lo que quiere no encuentra vientos favorables. Sin buscar su realización, se concentra en el vacío y no encuentra sentido a su vida. A veces desea ser otro. Quiere ser distinto a lo que es, tener otra vida. Le cuesta imaginar que alguien esté peor. Descubrir al genio interior no tiene precio ni techo. El bienestar tiene que ver con las emociones. Viene primero la felicidad y después el éxito. Sentirse bien no pasa por lo cognitivo, por la esfera intelectual. La felicidad y el bienestar están en las cosas más simples de la vida.

Cambiar de política. Cuando una vivienda tiene problemas, como que sale agua de la ducha aunque se cierre la manija, la bañadera rebalsa. La pérdida de agua puede inundar tu casa. Nada es peor que lo que se puede aguantar, por eso sobrevivieron las moscas. Las reformas no son soluciones de fondo, cuando no se cambia de política se estará incubando la próxima crisis.

Alivia las penas. El ejercicio físico regular mejora la mente y el ánimo, aumenta las defensas y es útil contra la ansiedad y depresión. Al mejorar la hormona de crecimiento da vida a las neuronas cognitivas, libera beta-endorfinas que frenan el dolor, relajan y dan bienestar. La serotonina produce serenidad, paciencia, autocontrol, humor, sociabilidad y estabilidad. La dopamina genera iniciativa, motivación, deseo sexual y aplaca el deseo de fumar o de comer. La noradrenalina provoca  alegría y energía. El confort del sedentarismo es malo para la salud

El médico del correo de Londres hace cientos de años  observó que los carteros iban al velorio de los administrativos. Esta observación es concluyente, quien camina en términos generales vive más y el que lo hace con regularidad se siente mejor en su nueva zona de confort.

Ejercitar la atención en positivo. Entrenar la atención, permite realizar las cosas de la vida diaria con conciencia plena (estar presente lleva a no cometer errores no forzados), y poder dejar de lado los pensamientos y recuerdos negativos (propios de la depresión); y llevar  la atención a aspectos  que edifican y gratifican (la gratitud, la compasión, el contentamiento y la paz).

El ejercicio físico constante, genera nuevas células en el hipocampo (área crucial para el aprendizaje y la memoria) y reduce la actividad de la amígdala (ligada al cortisol y el estrés). Si uno tiene tendencia a deprimirse es recomendable la práctica diaria de meditación y actividad aeróbica. Es muy probable que se noten sustanciales mejoras anímicas y físicas.

 El "efecto statu quo", según la economía del comportamiento, crece en etapas de cambio porque las innovaciones no tienen con qué ser comparadas, y se descartan.

Se castiga más a quién decide mal que al que no decide. Este "sesgo de omisión" lleva a no hacer algo nuevo, a cumplir rituales, sin tomar riesgos. En estructuras con poder atomizado, nadie puede imponer un cambio genuino, todos pueden vetarlo  y prevalece el statu quo.

Como los incentivos son a corto plazo, nadie se anima a ir en contra de lo que le da de comer hoy. Hay que mentalizarse a que no volverá la antigua estabilidad, y eso es difícil de procesar. En esta etapa de innovación, hay que focalizarse en la aplicación de herramientas de cambio. Hay que buscar un lenguaje renovado para fomentarlo y que no remita a lugares comunes.

Quedarse en la zona de comodidadCuando lo único permanente es el cambio, la novedad se impone sólo porque es novedosa y nada permanece. Desaparecen las referencias y las señales que cumplen con una importante función orientadora. No hay oportunidad para la consolidación de ideas, relaciones o proyectos imperecederos, que trasciendan a la coyuntura. Una rutina es una herejía de repetición, retorno y permanencia, que termina convirtiéndose en aburrimiento. Nadie llamaría aburridas a ciertas repeticiones, a cosas que se hacen y cuya verificación tranquiliza. Ellas no inmovilizan el tiempo, certifican los rumbos y aseguran que uno está vivo.

La rutina es una hoja de ruta. El amor se revela nuevo en la eterna repetición de sí mismo, como la naturaleza con sus ciclos. La rutina puede ser una repetición mecánica o convertirse en ritual con contenido, a través de gestos, actos y palabras que se repiten. Toda rutina puede ser vivida como celebración de la continuidad de la vida, de los vínculos, de las elecciones.

Los rituales  se inventaron para hacer más llevaderos los momentos difíciles. El requisito previo es vivir despierto, no en piloto automático o en una carrera urgente a ninguna parte. Para que una rutina sea un ritual existencial se necesita paciencia, presencia, compromiso, cooperación, contacto, atención. Mudarse  una y otra vez a los mismos lugares, porque nunca son los mismos. La mejor estrategia es poder cambiar la zona de confort pero seguir siendo uno mismo.

La zona de confort proporciona abrigo y seguridad. Abarca lo conocido, ambientes de los que uno se siente parte y en donde se halla a gusto. Pero eso mismo que protege puede causar daño.

Las fuerzas del cambio. Las zonas de confort suelen ser barreras para el crecimiento, las fuerzas de cambio son contradictorias. Por un lado se busca homogeneidad, todo lo necesario para ahorrar energía. Se busca constancia, quedarse en la zona de confort, no correr riesgos. Nada es fácil la cosa para las fuerzas del cambio. De 100 ideas sólo una llega a la práctica. Para ponerlas a prueba es necesario modelar razonamientos refutables, que logren detectar las brechas, obtener poder explicativo y sobrevivir a los razonamientos alternativos.

Las pruebas contundentes son específicas, predictivas, y determinadas. Uno se acerca a la verdad para ratificar o rectificar hipótesis y así poder mejorar. Como no existe la divina perfección, la acción debe tratar de encontrarla siempre.  Verdi dijo que siempre buscó la perfección pero que nunca la pudo hallar. Gracias a eso a los 85 años mantenía su longevidad creativa, porque seguía pasando de un estado de confort a otro, y con gran entusiasmo. 

Si no estás cometiendo ningún error no forzado significa que no estás innovando, pero si sigues cometiendo los mismos errores significa que no estás aprendiendo. El error suele ser una ventaja que todavía no has podido descubrir. Thomas Alva Edison siempre agradeció los 999 errores que en el ensayo número 1000 le permitieron inventar la lámpara eléctrica. La primera bombilla eléctrica vio la luz el 21/10 1879 tras muchos años de errores forzados y no forzados.




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