Autor: Dr. Horacio Krell fundador de ILVEM


Un problema serio para quien que debe estudiar un texto es que no sabe cuánto tiempo le llevará leerlo y aprenderlo. Este es un ejemplo sencillo de meta compleja. El problema con las metas es que se formulan pero luego es fácil encontrar buenas razones para incumplirlas. ¿Por qué se aplaza lo que se debe hacer y hasta lo que se quiere hacer? El cerebro es el  peor enemigo cuando retrasa innecesaria y voluntariamente las tareas indispensables para alcanzar los fines.

Mañana lo hago. Dejar para mañana lo que se debe hacer hoy afecta las calificaciones escolares, la salud, aumenta la deserción escolar y genera culpa por la sensación de ser egoísta, idealista e irresponsable al hacer algo en lugar de otra cosa más práctica con el tiempo. El problema se agrava porque hay más gente estudiando online. Con sólo un clic se reemplaza lo que se lee, o cuando una idea parásita aparece o si la mente se distrae por un estímulo digital.

Procrastinar. Es tomar la decisión de no hacer algo pese a saber que a largo plazo será peor. No es intencional, no es administración del tiempo, es una incapacidad de controlar las emociones y los impulsos. Al procrastinar se trata de mejorar el estado anímico evitando lo desagradable. Es parecido a comer para consolarse, distraerse y olvidar el verdadero problema.

Toda operación diferida es una oportunidad perdida.

Procrastinar es común en el impulsivo, en el perfeccionista, por la expectativa que otros tienen de él y temer el fracaso. Afecta más al joven, el adulto aprendió a controlar sus emociones.

Técnicas para dejar de procrastinar. La clave es organizar las metas en el tiempo y en el espacio, realizar un plan detallado y armar una agenda diaria que lo ejecute. Con la meditación se desarrolla la conciencia de reconocer que no se tiene ganas pero que igual hay que hacerlo. No hay que juzgar el sentimiento sino comprometerse con el plan. Con los mejores resultados mejora la autoestima y eso genera un círculo virtuoso. El plan divide la tarea en pasos claros y manejables. Aplazarlo deviene de la preocupación generada por metas exageradas, vagas, intimidantes y desagradables. Ocuparse reduce el área de preocupación al dividir lo complejo en pasos simples. De este modo se ayuda a superar la inercia y por ende a dejar  de procrastinar.

El que falla al planear planea fracasar.

 

La investigación muestra que los estudiantes que se perdonan por procrastinar tienden a no repetir el error. Cuanta más culpa y rabia se siente menor es la posibilidad de cambio. Un buen plan debe apoyarse en las buenas costumbres que se poseen y en eliminar los malos hábitos.

Los dentistas sugieren limpiar los dientes con hilo dental. Al combinarla con el hábito de cepillar los dientes se puede poner el hilo  junto al cepillo y  usarlo sin siquiera pensarlo.

 

Imaginar el futuro. Crear un lazo fuerte con el yo futuro permite medir el efecto de no hacer lo que se debe. Si no se llega con un trabajo que había que entregar a las 9, imaginarse uno mismo a las 14 tratando desesperadamente de terminarlo, puede impulsar a empezar más temprano.

Aclarar un problema existencial. No tener clara la relación entre lo que se va a hacer con los objetivos más importantes puede reflejar un problema más profundo de falta de identidad o dirección en la vida. Procrastinamos cuando la tarea parece aburrida o menos significativa, así que hay que recordar la razón por la que estás haciendo algo y cómo encaja con las aspiraciones. Es tan sencillo como recordar que escribir una buena nota ayudará para conseguir un diploma, que es indispensable para realizar el sueño de ser doctor. Pensando así, el beneficio a largo plazo de hacer el trabajo puede reducir el placer a corto plazo de distraerse y procrastinar.

El destino depende de la educación. La suerte de un país no depende de sus recursos naturales, sino de la educación de su gente, para generar riqueza e igualdad de oportunidades. Un país rico, desarrollado y justo es aquel en el cual la educación es de excelencia y accesible a todos. El capital humano diferencia a un país rico de uno pobre, a un país desarrollado del que no lo es. La educación es la base del capital humano, y es, además, un gran igualador: la educación es la justicia social por excelencia. La educación argentina se encuentra atrasada y utiliza técnicas didácticas antiguas.

Lecciones contra procrastinar. Si los métodos basados en la investigación son tan efectivos, ¿No deberían enseñarse en todas las escuelas, universidades y lugares de trabajo? Muchos colegios y universidades lo intentan pero enfocándose en la habilidad para manejar el tiempo, más que en atacar las razones de fondo. Los profesores deben evaluar cómo se están sintiendo los estudiantes y ayudarlos a entender por qué están dejando las cosas para después. Si pueden aprender a manejar sus emociones, será una gran ayuda en todas las áreas de sus vidas.

Informe Pisa. En la última edición del Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA), llevadas a cabo por la OCDE, Argentina ocupa el puesto 63 de los 79 países evaluados. Además, se ubica en el puesto 63 en lectura, en el 71 en matemática y en el 65 en ciencias. Es decir que la situación educativa argentina es catastrófica.

Este es el problema y resolverlo debe ser una política de estado. En las últimas décadas el nivel educativo no ha parado de caer, independientemente de quien haya gobernado.

El principal problema no es ni la inflación ni el dólar, sino la baja calidad educativa y la desigualdad en el acceso a la educación. Esa desigualdad es la causa de la injusticia social. El gran desafío es lograr una educación pública de excelencia. Para eso deberá generar mayor riqueza y desarrollo con justicia social, es decir, sin dejar a nadie afuera. Para lograrlo debería producirse una profunda reforma educativa que sea capaz de dar el primer paso hacia la búsqueda de esa revolución del conocimiento, desarrollando la relación entre ciencia y tecnología con la educación. La educación inclusiva y de calidad potencia el crecimiento de un país en un marco de igualdad. Defender la educación es la prioridad. La igualdad de oportunidades no es ni de izquierda ni de derecha, es simplemente justa y para todos. Cada 4 años el éxito o el fracaso de un gobierno, se mide por sus resultados en la educación. Hasta ahora fracasaron todos.

Neuroeducación: el cerebro en la escuela.

El gran tema en toda nuestra educación es convertir al sistema nervioso en nuestro aliado y no en nuestro enemigo. William James. (The principles of psychology, 1890)

La neuroeducación promueve la integración de las ciencias de la educación con todas que se ocupan del desarrollo neurocognitivo (interdisciplina). Es la intersección de las disciplinas relacionadas con el aprendizaje y la enseñanza, transdisciplina sería la integración  original de ellas en una nueva categoría. Se hace necesaria una profesión de neuroeducadores entre los docentes interesados en neurociencias y entre los neurocientíficos interesados en la educación.

La expresión cerebro en la escuela destaca el papel crucial del cerebro en el aprendizaje y en la enseñanza. El cerebro está siempre activo y la educación tiene recursos de tecnología para estudiarlo, como imágenes cerebrales, pruebas genéticas y simulaciones computacionales. 

Se trata de estudiar el cerebro del que aprende y del que enseña. El cerebro posee una complejidad inigualable y es el fruto de la evolución. La persona es el único ser capaz de enseñar acrecentando la información recibida y perfeccionando los instrumentos cognitivos.

La capacidad de enseñar y de aprender. Es el motor de la sociedad y la fuente de la cultura y los valores. Debemos encontrar un nuevo equilibrio entre los avances científicos y los desafíos de una educación en un mundo que marcha hacia una globalización creciente e inexorable.

La característica común de los proyectos exitosos es el trabajo en equipo, internacional e interdisciplinario. Lo decisivo es que los educadores y los investigadores se conocen mejor.

El cerebro se educa en una cultura determinada donde se habla una lengua particular y se practican valores propios. La novedad es que hoy podemos estudiar cómo se incorpora la cultura en el  cerebro. Antes sabíamos que el lenguaje se procesaba en determinados circuitos de la corteza, hoy podemos detectar por la imagen cerebral si es o no una primera lengua. Dicho de otro modo, la cultura modifica nuestro cerebro y lo hace de variadas maneras.

Desafíos.  La neuroeducación sugiere la intersección entre las ciencias de la educación y las neurociencias.  Algunos criterios apuntan al campo de los valores, en particular a la ética de los métodos aplicables a la enseñanza y al aprendizaje. Algunos métodos podrían vulnerar el principio de prudencia, otros el de responsabilidad o el derecho a la intimidad, para mencionar sólo ciertos obstáculos que podrían presentarse.

Todavía estamos lejos de contar en la neuroeducación con un genuina transdisciplina, como es la “biología molecular”. En el caso de la neuroeducación podríamos aprovechar la experiencia de lo que sucede en el campo de la informática y de las comunicaciones, sumando la implementación de laptops de bajo costo y de gran rendimiento a millones de alumnos y docentes de muchas regiones del  mundo. Una de las ventajas notables de la modalidad “uno a uno” es que las laptops pueden funcionar como pequeños laboratorios portátiles, puesto que cuentan con recursos suficientes para procesar datos de sensores y motores.

Ya se ha desarrollado un telescopio de bajo costo para las portátiles. Uno de los objetivos es obtener imágenes del cerebro a bajo costo con equipos móviles y livianos. 

Homo educabilis. Debemos ocuparnos del cerebro del alumno en tanto que aprende y del maestro en tanto que enseña, formando neuroeducadores. No hay nada ajeno al proceso neurocognitivo. La educación es una capacidad única del hombre que depende de la formidable complejidad de la corteza cerebral. Los animales aprenden pero no enseñan. Podemos transmitir los conocimientos porque podemos enseñar. La cultura es la que organiza hechos y valores, objetos e historia, descubrimientos y aspiraciones, realidad y sueños. Se sabe poco sobre el cerebro que enseña y no hay aprendizaje sin enseñanza. Y enseñando se aprende.

El período escolar es una parte. La educación permanente es el desafío. En la prolongación de la vida, cercana a los cien años, la neuroeducación juega un papel  relevante puesto que se puede aprender y enseñar siempre, pues todo ambiente se puede convertir en espacio educativo.

Así como llevamos el celular a todas partes y la computadora portátil se conecta a los más diversos ambientes, también nuestro cerebro, joven o viejo, aprende y enseña en cualquier lugar, en el campo y la ciudad, en la fábrica y en el laboratorio, en las artes y en las ciencias.

La neuroeducación no se limita a la escuela, pero el aula sigue siendo el lugar privilegiado ya que debe ser el laboratorio social más importante para el desarrollo de la inteligencia.

Cerebros que enseñan y cerebros que aprenden. Por el momento estos estudios se realizan atendiendo a una persona por vez  en donde se estudia el cerebro que aprende pero nos falta mucho para entender cómo funciona el cerebro que enseña, que exige un diálogo y la interacción entre varias personas. Es difícil trabajar simultáneamente con varios equipos de imágenes cerebrales en paralelo. Pero podemos aspirar a una visión más equilibrada del cerebro educado si nos proponemos investigar los procesos neurocognitivos en el diálogo de maestro y alumno en su propio medio, es decir en el aula, aunque ello, por el momento, no es fácil, por razones técnicas como culturales. Las primeras se refieren al costo y la complejidad de los instrumentos de imágenes funcionales del cerebro (fMRI, MEG, EEG, NIRS, OT, PET, etc) pero todo conduce a pensar que se irán perfeccionando y simplificando, bajarán sus costos, serán portátiles y tendrá mayor resolución espacial y temporal que los actuales.

La educación es la industria pesada de la nación. Los estudios realizados por la OCDE para evaluar el rendimiento de los estudiantes de 15 años en 65 países confirmaron la hipótesis según la cual los países que funcionan mejor en educación también son mejores en economía.

Esto se debe a que la educación es la que crea el capital humano es decir al ciudadano del futuro. En los países como Finlandia, que han hecho de la educación pública su política de estado, se acortó la distancia entre los más ricos y los que menos tienen y se eliminó la pobreza.

En Finlandia los maestros son las estrellas de la sociedad y no los ricos y famosos. Y ser maestro implica cursar una carrera universitaria. En Argentina se ha creado la carrera de Instructor en Metodología Intelectual.  Esta disciplina se conecta con las habilidades blandas, las que pertenecen al cerebro humano y las conecta con las habilidades duras tecnológicas, propias del hemisferio izquierdo. Mediante la sincronización entre el sistema nervioso humano con el digital se potencia el rendimiento de los estudiantes. Todo comienza por descubrir al genio interior en el marco de las inteligencias múltiples. Esto genera el empowerment o poder interior que puede bloquearse por diversas causas, y el genio, entonces, quedará atrapado en la lámpara de Aladino. Para evitarlo hay que evitar los obstáculos para que la energía circule, convirtiendo el espíritu en materia. Los bloqueos de la energía suelen ser emocionales, creativos, estratégicos, sociales, digitales. El cerebro innovador es el mejor imitador de Dios en la tierra. Como Dios creó el mundo de la nada el creativo cuando es innovador aprende a convertir ideas abstractas en proyectos concretos, como el avión que nació antes que en la realidad en el la mente del hombre. Enseñar a aprender a usar su cerebro es el mayor planteo estratégico que debe encarar la educación. Neuro-educador es la profesión del futuro.




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